Escritor por encargo

Escritor por encargo
Datos

domingo, 20 de noviembre de 2016

La Calle 10: las cenizas del torbellino de la historia.

Exterior de la Droguería Granada: la multitud acecha a Juán Roa Sierra, presunto asesino de Gaitán.


Al comienzo de la novela la Calle 10 de Manuel Zapata Olivella, el lector encuentra un cuadro desgarrador y fascinante, quizá porque el horror cuando se presenta, nos sorprende, revelándosenos como un continente nuevo. Parmenio intenta salvar el cuerpo de su mujer, que ha muerto en plena calle, de las garras de los buitres de la Escuela de Medicina. Si va a dar allí, sabe que su amada esposa será instrumento de estudio científico, cosificada cual vulgar conejillo de Indias; ya no podrá despedirla con un poco de dignidad dándole cristiana sepultura. Pero esa brutalidad opresora del sistema de castas, caerá sin misericordia sobre la espalda de cada uno de los antihéroes de esta novela. Sin embargo, este no es sino uno de los niveles de violencia que aquel mundo marginal, con todas las características ideales para hacer de esta novela, que bien pudiera transcurrir no en la Bogotá de los días previos al El Bogotazo, sino en un gueto judío de Europa o en un suburbio de la Londres de Dickens, vapulea a los personajes. "El Oso", un lisiado, que a su vez es explotado por otro infeliz, es una más de las víctimas de este círculo infernal de poderes concéntricos dentro de la marginalidad.



                                 El 9 de abril de 1948 no había inocentes; todos eran sospechosos


También los nombres de los personajes, contribuyen a eclipsar todavía más las características que pudieran hacerlos menos anodinos y más cercanos a nuestra experiencia: El Pelúo, El Oso, Laboriel La Garrapata, El poeta Tamayo, entre otros, nos producen una sensación de distancia, pues dificulta concebir una idea concreta de cualquier característica que los configure con rasgos más definidos, los anula dentro de esa categoría de “pueblo llano”. Existe también una dinámica del sufrimiento como patrón de una sociedad apegada al cristianismo que expía las culpas: los niños sufren, los hombres sufren, las mujeres sufren, hasta los animales sufren. En medio de unas coordenadas espaciales que se circunscriben a la Calle 10 y sus lugares adyacentes: la Plaza de Mercado, la estación de policía, la Escuela de Medicina, estos seres se mueven entre las sombras de las calles sucias, malolientes, con gentes vestidas en harapos. Son lo que pudiera llamarse en el lenguaje de los nazis “Untermenschen”, es decir, infrahombres, escoria, basura humana, mierda, con que los burgueses e incluso la misma clase trabajadora bogotana, temen llegar a cruzar palabra.

En este mundo de intocables, llegará un momento de redención. La historia de vez en cuando, da la oportunidad de reivindicarse a los hombres (léase en sentido figurado y no como violencia de género) cada tanto. Aunque la razón del alzamiento del viernes 9 de abril de 1948, no sea mencionada directamente, el lector sabe, es de suponerse, cuál es el contexto histórico. Ese momento de dolor popular es conjurado, convirtiendo toda esa opresión ejercida por los poderes establecidos: la Iglesia, la Policía, el Gobierno, así como los poderes subyacentes al espacio vital de los personajes de la novela, en una catarsis. Luego, los  personajes se diluyen en la trastienda de la historia de la Calle 10, una vez se han disipado los incendios y la ceniza se ha allanado, tras el paso del torbellino de los hechos.


No hay comentarios: