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miércoles, 5 de noviembre de 2014

¿Quién era Juan Roa Sierra?

                                          El cuerpo de Roa Sierra luego de su linchamiento

Desde abril de 1948, sobre la nebulosa figura de Juan Roa Sierra, se ha especulado incesantemente más de lo que se ha escrito. Trazar una radiografía siquiera fiel de este personaje —histórico aunque les escueza a muchos—, es prácticamente un asunto del que solo se ha ocupado la literatura. Justamente en este sentido la excepcional novela de Miguel Torres (dramaturgo bogotano formado en París; fundador del Teatro El Local y autor de Los oficios del hambre y la novela Cerco de Amor) nos ilustra de manera diáfana en su segunda novela El Crimen del siglo.

Aquí Roa Sierra es un hombre acosado por los fantasmas de la locura y la miseria. Acude al consultorio del quiromántico alemán Johann Umland Gerd, cerca del mediodía, para decirle que asesinará a Gaitán ese viernes 9 de abril. No le cree; nadie le cree nada —podría decirse que ni su sombra lo hace— entonces, presa de su ingenuidad, accede a consumar la conjura sirviendo de autor material en el crimen. El perfil dostoievskiano de este Juan Roa Sierra, no se aleja mucho de los informes dados por los atestados judiciales postmortem, suministrados por quienes le conocieron en vida. Era un hombre taciturno, tímido, quizá fanático, ferozmente ingenuo, pusilánime y desempleado. Uno otro más de los habitantes de aquella Bogotá de medio millar; uno más de esos que le hace honor al gran poema del venezolano Rafael Cadenas "Derrota", un hombre acostumbrado a quitarse el polvo de encima tras las caídas.

                                                Arma con la que se perpetró el magnicidio

En el informe de la agencia de inteligencia británica, Scotland Yard, contratada por Ospina Pérez para disolver de facto cualquier intento local de demostrar alguna participación del Estado en el atroz crimen, se afirma que el magnicida obró solo. Es decir, que Roa Sierra fraguó desde su oscuro anonimato en un cuartucho del barrio Santander, el magnicidio que desbordó los cauces de sangre en Colombia y que desembocara en el mar de una guerra fratricida que nos anega hasta hoy. ¿Increíble?  

Esta tesis, por lo demás espuria, puesto que varios testimonios afirman la participación de agentes estatales y miembros de la policía política «Popol», en el lugar de los hechos, confirma una vez más la presencia tenebrosa de los intereses oligárquicos tras el tinglado de aquella «Operación Pantomima», orquestada por la CIA y dirigida por el general George Marshall, de la que luego hablaremos. Juan Roa Sierra, fue víctima también del orden jerárquico social colombiano, tan rabiosamente clasista y excluyente desde los tiempos coloniales. Acosado por las contingencias del existir, cometió el error de toparse con quien no debía. Pensó quizá que podría arreglar su vida y corregir así el rumbo de la historia de Colombia, matando a Gaitán (la principal tesis literaria de El crimen del Siglo). ¿Quién lo sabe? Esta es la ingrata tarea de los escritores, asumiendo la tarea de dilucidar los misterios que rehúyen al historiador, para comunicarlo a los lectores

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