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martes, 22 de enero de 2013

Causas y consecuencias del Bogotazo

 Mariano Ospina Pérez presidente de Colombia en 1946. Detrás suyo el flamante canciller Laureano Gómez, con su mirada glacial de "basilisco", como era apodado.

En 1946 el presidente electo, Mariano Ospina Pérez, tomaba posición de su cargo. La violencia política venía en aumento alimentada en parte por la policía conservadora, la Popol; así como por los chulavitas, que asesinaban las facciones liberales o gaitanistas, apoyados por el oficialismo conservador. Aunque por parte del movimiento liberal, hubo acciones contra los conservadores, no fueron tan notorias como las que venían ejecutando los conservadores, quienes ahora detentaban el poder. La república liberal estaba en el poder, desde el gobierno de Enrique Olaya Herrera en 1930. La guerra contra el Perú había exacerbado los ánimos nacionalistas, haciendo que los gobiernos de Eduardo Santos (1934-38) y Alfonso López Pumarejo (1938-1946), tuvieran de parte del pueblo sus simpatías. 

El nuevo presidente, Mariano Ospina Pérez, era un importante patricio e industrial anquioqueño y su familia, había tenido ya dos presidentes: Pedro Nel Ospina y Mariano Ospina Rodríguez. Ospina prometió hacer un gobierno de unidad nacional al tomar el solio de Bolívar. A pesar de sus aparentes buenas intenciones, se rumoreaba que el político había conseguido ganar las elecciones -que tenían como gran favorito al liberal Jorge Eliécer Gaitán- por medio de una astuta jugada electoral, adulterando cédulas y comprando votos a las gentes más necesitadas.

Los conservadores, se oponían a las ideas del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán de nacionalizar las empresas y de imponer un gobierno socialista al estilo de Perón en Argentina, Dutra en Brasil o Lázaro Cárdenas en México. Para los Estados Unidos esto echaba por tierra los planes de reorganización hemisferica del llamado Plan Marshall. Las maquinarias electorales colombianas, dominadas por las élites y guiadas por la iglesa católica, con su tradicional antipatía hacia el comunismo socialista que combatía desde el púlpito, terminaron por dar el triunfo al partido de Ospina Pérez y el canciller Laureano Gómez.


                                          Botero y su saga sobre la violencia en Colombia

En 1948, cuando los acontecimientos de violencia estaban llegando a niveles demenciales y dantescos, que incluían prácticas de decapitación, corte de garganta -con la llamada corbata colombiana: consistente en sacar la lengua por la herida que se hacía en el cuello-, incluso, extracción del feto a algunas mujeres asesinadas, el partido más importante de Colombia hasta ese momento, el gaitanismo, decidió tomar cartas en el asunto. La mayor parte de los conservadores más humildes, el gran potencial electoral del caudillo, veían también en Gaitán una esperanza a unas vidas oprimidas y arrastradas a la miseria por las políticas de sucesivos gobiernos, incluyendo el conservador de turno, que nada hacía nada por mejorárselas. De hecho los liberales tradicionales, ya habían tomado parte en las filas gaitanistas, eligiendo como su jefe único al abogado y caudillo. Este respaldo se cristalizó dándole sus estandartes para las elecciones de 1946, en contra del candidato tradicional de la oligarquía liberal, Gabriel Turbay, quien al verse vencido por Gaitán, se exilia y muere en París poco después.

La situación social estaba exacerbada por escándalos como el de Mamatoco, un boxeador asesinado en extrañas circunstancias y el juicio al teniente Cortés por el asesinato del periodista Eudoro Galarza Ossa, precisamente defendido por Gaitán; la Novena Conferencia Panamericana, precedida por el general George Marshall en persona, causaba escozor en facciones como el estudiantado y simpatizantes comunistas. El gobierno conservador había excluido al caudillo liberal de las reuniones de la Conferencia, por órdenes del canciller Laureano Gómez, quien era archinémesis del jefe liberal y principal contendor para las elecciones presidenciales del año cincuenta.



                    Capitolio adornado con las banderas de la Novena Conferencia Panamericana


Todo parecía pues preparado de antemano en aquel año de 1948, para una catástrofe. La guerra fría polarizaba la visión geopolítica mundial y los espías norteamericanos, poblaban la capital colombiana para el evento. La violencia política, la crisis social y económica, a causa de la feroz política tecnocrática de Ospina Pérez, quien quería convertir en una potencia industrial a Colombia -un país esencialmente agrícola-, estaba llevando a la debacle a muchos agricultores y campesinos que se veían obligados a exiliarse de la violencia en las ciudades principales del país, quedando cesantes la mayoría de las veces. En febrero de 1948, habiendo ya en 1947, llevado a cabo la primera provocación contra el gobierno conservador con una marcha de antorchas al estilo mussoliniano, Gaitán convoca a la Marcha del silencio para protestar contra la violencia política. Antes de dos meses, la historia de Colombia daría un dramático giro de 360º con su infame asesinato por medio de una conjura que aun hoy, no se resuelve.

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